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Relaciones entre AMP y la Fundación Juan March. Y un desmentido

Para estudiar la relación que AMP mantuvo con la Fundación Juan March he empleado estas fuentes:

Primarias:

  • Expediente de la beca Grupo F Ciencias sagradas, filosóficas e históricas, iniciado el 13 de octubre de 1961, que contiene la instancia 412, los informes parciales y otros documentos.
  • Expediente de la ayuda Grupo VIII Ciencias filosóficas, iniciado el 12 de diciembre de 1962, que contiene la instancia 896, los informes parciales y otros documentos.
  • «Anales de la Fundación Juan March» 1956-1962 (editado en 1965), 1963-1965 (de 1972), 1966-1970, 1971 (ed. 1973) y 1972 (ed. 1974).
  • Página web de la Fundación Juan March: http://www.march.es/

Secundarias:

  • Sánchez Ron, J. M. (2005). Cincuenta años de cultura e investigación en España: la Fundación Juan March (1955-2005). Barcelona: Crítica.

I. Sobre la Fundación Juan March

La Fundación Juan March fue creada en 1955 por el banquero Juan March Ordinas (1880-1962), para el desarrollo de actividades en humanidades y ciencias.

Organiza exposiciones de arte, conciertos musicales, conferencias y seminarios. Desde 1956 hasta 1961 concedió los Premios Juan March. En sus primeras convocatorias, los premios tenían una dotación económica de 500.000 pts., y lo obtuvieron, entre otros, Menéndez Pidal, Rey Pastor, Marañón, Pemán, Anglada Camarasa, Azorín, Julio Palacios, Jiménez Díaz, Federico de Castro, Pérez de Ayala, Gerardo Diego, hasta 27 personalidades.

Desde 1959 hasta 1962 concedió también premios literarios en distintas modalidades, dotados con 300.000 pts. «Los premiados fueron: en 1959, Gonzalo Torrente Ballester (Novela), Antonio Buero Vallejo (Teatro) y José Hierro (Poesía); en 1960, Dámaso Alonso (Ensayo de Creación),José Pla (Periodismo Literario) y Melchor Fernández Almagro (Crítica); en 1962, Ramón Gómez de la Serna («Madrid»), Martín de Riquer Morera («Cataluña») y Ramón Otero Pedrayo («Galicia»)», Sánchez Ron 2005, 75.

Desde 1957 hasta finales de los ochenta, convocó de becas de estudios y creación para España y el extranjero. Entre 1956 y finales de los ochenta concedió cerca de 5800 becas.

La propia Fundación divide su historia en cinco periodos. El primero va de 1955 hasta 1974; el segundo, de 1975 hasta 1985; el tercero, de 1986 hasta 2004; el cuarto se limita al cincuentenario de 2005, y el quinto se inaugura en 2006 y llega hasta hoy.

Sin embargo, y a la vista de las actividades de la Fundación recogidas en los «Anales», parece necesario tener en cuenta ciertas inflexiones debidas a cambios de dirección o de definición de objetivos. En 1962, tras la muerte del iniciador, le sucede en la Presidencia su hijo, Juan March Servera (1906-1973). Después es Presidente, desde 1973, Juan March Delgado (1940). En 1971 hay en la Fundación un cambio significativo de organización y de finalidades, coincidiendo con la ampliación del capital de la Fundación, la dirección encomendada a Cruz Martínez Esteruelas (entre 1970 y 1973) y del proyecto y realización de la nueva sede. En 1971 tuvo lugar una profunda reestructuración de Departamentos y personas responsables, como puede verse el «Anales» de ese año.

II. AMP y la Fundación Juan March

Según la documentación consultada, la relación de AMP con la Fundación Juan March se inicia en 1961, cuando solicita, y obtiene, la Beca de estudios en España para investigar Las causas extrínsecas de la educación. La Memoria definitiva fue depositada el 13 de diciembre de 1962. Al día siguiente, AMP registraba la solicitud de una Ayuda de investigación para el tema La estructura de la subjetividad (El ser personal del hombre como dialéctica de intimidad y trascendencia). La correspondiente Memoria final entró en la Fundación el 16 de septiembre de 1965.

Al mismo tiempo casi, AMP, que había ingresado en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas el 18 de marzo de 1961, era invitado por la Fundación para participar en jurados de becas. Ha de tenerse en cuenta que, hasta 1970

En el periodo 1963-65 (vid. «Anales»), Millán-Puelles interviene en la Fundación en las siguientes ocasiones:

1. Jurado del Grupo IX (Ciencias Históricas) para la concesión de Ayudas de investigación en 1964 («Anales 1963-1965», p. 246). Fue designado para tal fin por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Los otros ocho miembros del Jurado fueron: F. Vidal Soler y B. Alonso Velasco (designados por el Cardenal Primado), A. Martín Artajo (también designado por la Academia de Ciencias Morales) , A. Melón y Ruiz de Gordejuela y A. García Bellido (por la Academia de la Historia), J. A. Calderón Quijano y P. Pedret Casado (designados por el Consejo de Rectores de Universidades) y E. Sáez Sánchez (del CSIC). El Patronato de la Fundación nombró Secretario del Jurado a L. E. Palacios, que ya en otras ocasiones anteriores había intervenido en esas tareas.

La persona elegida por el Jurado, sobre veinticuatro candidatos, fue J. A. Maravall Casesnoves, cuyo trabajo versó sobre La formación del Estado moderno en España.

2. Jurado del Grupo F (Ciencias sagradas, filosóficas e históricas) para la concesión de becas en España en 1964. Los demás miembros y el secretario eran los mismos que los del Jurado para las Ayudas de investigación.

Fueron becados: F. de Armas Medina (Cristianización del Perú en la primera mitad del siglo XVII), A. Domínguez Ortiz (La Iglesia española y el Estado en el siglo XVII), M. Gual Camarena (El primer manual hispánico de mercadería, siglo XIV), J. L. Martín Rodríguez (Orígenes de la Orden Militar de Santiago, 1170-1195), V. Muñoz Delgado (La lógica en Salamanca y Alcalá durante el siglo XVI), L. Ortiz Muñoz (Dios con nosotros. Reliquias de la Pasión), V. L. de la Reina Bernáldez (El sistema beneficial), J. Rodríguez Fernández (Ramiro II de León). En «Anales 1963-1965», p. 355, en nota, se dice que hubo dos becarios más que no presentaron la Memoria final. No se dice sus nombres, sí los temas.

3. Para 1965 hubo cuatro solicitudes de ayudas en la sección de ciencias filosóficas, pero el Jurado dejó desierto el concurso. Lo conformaban («Anales 1963-1965», p. 487): Á. Morán Otero y F. de Asís González (por el Cardenal Primado), A. García Valdecasas y C. Ruiz del Castillo (R. Academia de Ciencias Morales y Políticas), P. Laín Entralgo y Á. Ferrari (R. Academia de la Historia), L. Fernández Suárez y J. Arellano Catalán (designados por el Consejo de Rectores), A. Millán Puelles (por el CSIC), Á. González Álvarez y A. Pacios López (por el Consejo del Patronato de la Fundación), y fue Secretario L. E. Palacios.

4. El mismo Jurado otorgó becas del Grupo F (Ciencias sagradas, filosóficas e históricas) en 1965 a los siguientes: C. Alonso del Real y Ramos (Significación religiosa de las cuevas con pinturas del norte de España), P. Borges Morán (El sistema de la aportación española a las misiones de América durante la época del Real Patronato), S. Casas Blanco (Preparación de una nueva edición completa de Los problemas fundamentales de la filosofía y del dogma de Ángel Amor Ruibal), J. L. Fernández Trespalacios (El concepto de espíritu en Descartes y las escuelas de psicología moderna), F. Martín Hernández (Los seminarios españoles: historia y pedagogía, 1700-1808), P. Ridruejo Alonso (Sobre la noción filosófica del bienestar), J. F. Rivera Recio (Provisiones de las sedes episcopales de la provincia eclesiástica de Toledo durante los siglos XIII y XIV), J. Valdeón Baruque (Estudios sobre la sociedad castellana de la segunda mitad del siglo XIV), A. Vargas-Machuca Gutiérrez (Escritura, tradición e Iglesia como reglas de fe, según Francisco Suárez). Esta vez vuelve a leerse en nota, p. 615, que una Memoria final de un becario no fue aprobada.

5. Para el Grupo VI (Ciencias sagradas, filosóficas e históricas) de becas en el extranjero de 1965, la Fundación creó el siguiente Jurado («Anales 1963-1965», p. 783): A. Martín Artajo y A. Millán Puelles (R. Academia de Ciencias Morales y Políticas), A. Melón y Ruiz de Gordejuela y A. García Bellido (R. Academia de la Historia), J. A. Calderón Quijano y P. Pedret Casado (Consejo de Rectores) y E. Sáez Sánchez (CSIC). Como Secretario, L. E. Palacios.

Fueron becados: M. Álvarez Gómez (Dios y el ser, según Nicolás de Cusa), T. de Andrés Hernansanz (Un estudio del nominalismo de Guillermo de Ockham desde el punto de vista de sus relaciones con la actual filosofía del lenguaje, sobre todo a través de su teoría de concepto-signo lingüístico), J. Mª Arias Azpiazu (Los fundamentos metafísicos y antropológicos de la educación), Mª del C. Arregui de la Madrid (Documentos portugueses de la alta edad media), C. Batle Gallart (Las relaciones comerciales entre Barcelona y Génova a mediados del siglo XV), F. Beltrán Ramírez (La ciencia y el problema de la verdad), R. Benítez Claros (Aspectos de la novela picaresca española en los Países Bajos), P. Damboriena Echavide (Situación teológico-escriturística de las principales comunidades eclesiales de la Reforma. Puntos de coincidencia y de divergencia entre la concepción religiosa católica y protestante), J. Mª González del Valle Cienfuegos-Jovellanos (La función de la voluntad en la determinación de lo jurídico), J. Jiménez Delgado (Studia bratiana), E. Luque Alcaide (La educación del Risorgimento italiano a través de la Ley Casati), J. Mosterín Heras (Epistemología de la matemática), M. Vallejo Cantera (Benedicto XIII, Pedro de Luna, y los judíos españoles), J. Zandueta Vera (Los temas religiosos en el pensamiento de Maurice Blondel). Los «Anales» correspondientes también dan cuenta de que un becario no presentó la Memoria final.

6. En 1966 (según «Anales 1966-1970», p. 241), Millán-Puelles (designado por el CSIC) participó en el Jurado de concesión de becas en el extranjero para el Grupo VI (Ciencias sagradas, filosóficas e históricas), junto a Á. Morán Otero y F. de Asís González (por el Cardenal Primado), A. García Valdecasas y C. Ruiz del Catillo (R. Academia de Ciencias Morales y Políticas), P. Laín Entralgo y Á. Ferrari y Núñez (R. Academia de la Historia), L. Suárez Fernández y J. Arellano Catalán (Consejo de Rectores), Á. González Álvarez y A. Pacios López (Consejo del Patronato de la Fundación). De nuevo es Secretario L. E. Palacios.

Son becados: M. Cabada Castro (Ser y Dios en Gustav Siewerth), V. Collado Bertomeu (Escatologías de los Profetas), J. Cruz Cruz (La realidad del hombre), A. Domínguez Basalo (Une phénoménologie de l’interiorité. La philosophie de Michel Henry), M. Gesteira Garza (La Eucaristía en la teología protestante), J. Hierro Sánchez-Pescador (Lógica de los juicios normativos), J. R. Moncho Pascual (La doctrina de la razón práctica en Santo Tomás), R. Muñoz Jiménez (El lugar de la razón en la teología islámica contemporánea), J. Oroz Reta (La filosofía en Virgilio), E. Pérez Hick (Las modalidades trascendentales de la verdad en Platón), L. Pérez Martínez (Introducción a los estudios lulianos), J. Rodríguez de Rivera y Ramírez de Verger (La teología de los dos reinos), J. J. Torres Esbarranch (Léxico y estilo de Tucídides). Hay dos becarios que no presentan la Memoria final.

III. Un desmentido: no hay Premio Juan March

Yo mismo mantuve un dato de la biografía de AMP que es falso, en mi trabajo Datos para la biografía de Antonio Millán-Puelles (1921-2005), «Pensamiento y cultura», vol. 10 (noviembre 2007), pp. 13-38. Me limité a repetir el dato de que AMP recibió en 1966 el «Premio Juan March de investigación filosófica». Consultados los «Anales» pertinentes de la Fundación Juan March, y personas de la propia Fundación, concluyo que ni le fue otorgado a AMP ese premio, sino que ni siquiera el premio existió.

Millán-Puelles en el I Congreso de Cooperación Intelectual (octubre de 1950)

En el diario «ABC» de 27 septiembre 1950, edición de Sevilla, p. 15, se lee:

Título: «El estudio de las ponencias del Congreso de Cooperación Intelectual».

Madrid. 26. En el Instituto de Cultura Hispánica se han iniciado esta tarde las reuniones de las comisiones preparatorias para el estudio de las ponencias del Congreso de Cooperación Intelectual.

En primer lugar se reunió la que entiende en el tema “Idea de Europa”, que es una de las cuatro fundamentales del Congreso.

Asistieron los delegados españoles Eugenio Montes, Laín Entralgo, Jiménez Caballero, Leopoldo Panero, Antonio de Luna, Jaime Delgado, Artigas y Millán Puelles; el rumano Uscatescu, el ecuatoriano Cevallos, el alemán Setram y el chileno Cuevas.

Los asistentes examinaron las ponencias presentadas y los planes de trabajo a desarrollar en relación con las ponencias y eligieron presidente de dicha comisión al catedrático de la Universidad Central don Antonio de Luna. CIFRA.

El I Congreso de Cooperación Intelectual tuvo lugar entre el 1 y el 12 de octubre de 1950. Fue organizado por el Instituto de Cultura Hispánica. El Secretario general fue Leopoldo Panero.

Se celebró en el Palacio del Senado de Madrid, aunque algunas sesiones tuvieron lugar en las universidades de Salamanca, Alcalá y Toledo.

«Se cursaron además 560 invitaciones a intelectuales extranjeros y españoles y fueron invitadas las academias de la Lengua, de la Historia, de Bellas Artes de San Fernando, de Ciencias Morales y Políticas, el Instituto de España, las Asociaciones Culturales Iberoamericanas, los comités de Cooperación Intelectual e intelectuales europeos y americanos relacionados con el temario» (Cabañas Bravo 1996, 159 nota 40).

«[…] “asistieron –se decía en Correo Literario– 240 invitados: 120 españoles, 90 americanos, 30 europeos no españoles. Se hicieron representar oficialmente o enviaron su adhesión dos gobiernos, cuatro academias, 20 instituciones culturales y científicas. Se presentaron 173 comunicaciones”» (Cabañas Bravo 1996, 159-160).

«Se contó con las transmisiones de Radio Nacional, algunas entrevistas, comunicados de prensa, servicios especiales de noticias, etc. También se mantuvo correspondencia con las misiones diplomáticas españolas, los institutos de Cultura Hispánica españoles y extranjeros…» (Cabañas Bravo 1996, 159, nota 40). La revista Correo Literario publicó numerosas crónicas.

Un simpático reportaje de la presencia de los congresistas en Salamanca aparece en esta grabación del NoDo, en la sección “Visitantes ilustres”.

«El temario estaba fijado en torno a cuatro temas: “Idea de Europa”, “Idea de América”, “Misión de Hispanoamérica” y “Aportación de América a la cultura universal” y el objetivo de la organización del congreso era, según constaba en el folleto que lo anunciaba, “cimentar una política de colaboración” entre los intelectuales europeos y americanos e, incluso, “proponer una doctrina de conciliación y de buena marcha”» (Cabañas Bravo 1996, 160).

«En el acto de inauguración, Laín habló de «Bizantinismo europeo y bizantinismo americano» y afirmó que la disputa del mundo se debatía entre el comunismo y el cristianismo. En el día de la clausura del congreso, el día de la Raza o día de la Hispanidad (12 de octubre), Franco pronunció un discurso. El discurso de clausura del congreso fue de Martín-Artajo sobre «La responsabilidad de la inteligencia», apoyado en Donoso a la hora de refutar el error materialista y en Menéndez Pelayo cuando defendió la ortodoxia y la santa intransigencia españolas. Entre los invitados cabe destacar la presencia de Massis, Thibon, Meunier, el P. Dubarle, etc.» (Díaz Hernández 2008, 281 nota 126).

Los textos del congreso fueron editados en Congreso de Cooperación Intelectual. (1954). Idea de Europa. Idea de América. Madrid: Cultura Hispánica. 862 páginas.

Una de las resoluciones del congreso fue la creación de la Oficina de Cooperación Intelectual Hispanoamericana (Cabañas Bravo 1996, 160).

Hubo un II Congreso de Cooperación Intelectual, en Santander, del 2 al 29 de julio de 1956). Y un tercero, este dedicado a estudiar la figura de Carlos V, celebrado en Granada, Sevilla y Cáceres entre el 6 y el 13 de octubre de 1958. También su Secretario General fue Leopoldo Panero.


 

Citas

Cabañas Bravo, M. (1996). La política artística del franquismo. El hito de la Bienal Hispano-Americana de Arte. Madrid: CSIC.

Díaz Hernández, O. (2008). Rafael Calvo Serer y el grupo Arbor. Valencia: Publicacions de la Universitat de València.

10º aniversario del fallecimiento de Antonio Millán-Puelles

AMPF 0088

 

Hoy, 22 de marzo, se cumplen diez años del fallecimiento de Antonio Millán-Puelles. Sus familiares y amigos rogamos una oración por él.

Me permito reproducir a continuación un artículo que publiqué en la revista “Arbil” en aquellas fechas de 2005:

Antonio Millán-Puelles ha fallecido a los ochenta y cuatro años de edad siendo Catedrático de Metafísica.

Inercialmente se piensa que cuando alguien llega a catedrático es porque aquella materia a la que se dedica tiene algún sentido, y a nadie se le ocurre poner, ni siquiera interiormente, ninguna objeción. La palabra «metafísica» es tan extraña al lenguaje popular y tiene tantas adherencias negativas en el lenguaje de los intelectuales al uso, que cuando se dice que Millán-Puelles se dedicó a la metafísica (o, en general, a la filosofía) lo que uno imaginaría es que Millán-Puelles fue un personaje extravagante, como los coleccionistas de vitolas.

Es que entender la figura y la relevancia de Antonio Millán-Puelles requiere entender qué es la metafísica y qué es la filosofía, y cuáles son las funciones sociales de ambas cosas.

Era Millán-Puelles hijo de médico y dejó la medicina cuando, estando en primer curso de la carrera, leyó las Investigaciones lógicas de Husserl. Inmediatamente (y con la aprobación de su padre) se pasó a los estudios de filosofía en la Universidad de Sevilla.

Quedó seducido, como un pintor ante la arrebatadora belleza de Las meninas o de la Anunciación de Fra Angelico. El intrépido ejecutivo, el simple pasante de un despacho de abogados, o el vendedor de electrodomésticos están en difícil situación para entender esto. Millán-Puelles se dedicó a la filosofía, cuando su privilegiada inteligencia le habría permitido ser un médico exitoso o un líder de empresa. ¿Seremos capaces de entender esto?

En realidad, el problema no es entender qué ha significado Millán-Puelles en la escena española y mundial, sino, sobre todo, antes que nada y por encima de todo, entender qué es lo que ha hecho Millán-Puelles en esta vida. Y lo que ha hecho es esto: dedicarse a la contemplación y a la sabiduría.

También en el plano humano y en el religioso fue Millán-Puelles un personaje digno de recuerdo y de imitación. Quienes le conocimos y le tratamos hemos de dar testimonio de su carácter fuerte y cariñoso. Era un conversador amenísimo. Hasta en las salas de espera de los médicos solía animar la situación: «Bien está que nos llamen “pacientes” a los que venimos al médico. Porque hay que ver la paciencia que hay que echarle a la espera».

Como duro de oído que era (y también como espontáneo y cordial y ligeramente provocador), decía estas cosas en voz alta y todos los desesperados pacientes se reían. Nunca junto a él terminaba la conversación y las anécdotas superficiales y las reflexiones profundas se entrelazaban con toda espontaneidad. Resultaba muy difícil ser enemigo de Millán-Puelles y llevarse mal con él.

La vida religiosa atemperó lo que la naturaleza le había asignado en su carácter, y este hecho tampoco debería pasar inadvertido. Millán-Puelles fue miembro supernumerario del Opus Dei con una entrega y generosidad viril y sólida. No se dejó llevar de estereotipos pero no cedió a las inercias.

Yo he visto a Millán-Puelles regañarse a sí mismo, en la cama en el hospital pocas semanas antes de fallecer, por creer que no soportaba dignamente y con paciencia los dolores que sufría. Y rezar el Santo Rosario hasta cuando medio no sabía dónde estaba por los efectos de los calmantes unos días antes de su muerte.

La Cruz del dolor físico ha sido la señal del final de su vida, la cima de ella. Reconozco que le envidio en este punto, aunque no me gustaría pasar por esos dolores, naturalmente.

Oposiciones de Instituto (1944)

Los meros datos sirven de poco y suelen requerir mucho esfuerzo. Pero, aunque poco, son necesarios. De cara a fijar con todo el rigor posible lo que la biografía de Antonio Millán-Puelles tiene de interesante para los estudiosos de su obra filosófica, esos fríos datos son necesarios.

En esta ocasión me limito a las oposiciones a Cátedra de Instituto de Enseñanza Media, en 1944.

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Jesús Arellano Catalán (1921-2009)

Foto J. Arellano

En  el “Diario de Sevilla”, se podía leer el lunes 19 de enero de 2009 lo siguiente:

El pasado sábado falleció a los 87 años el catedrático emérito de la Universidad de Sevilla Jesús Arellano Catalán. El profesor Arellano murió en la clínica Virgen de Fátima y fue enterrado ayer en el cementerio de San Fernando. Arellano fue fundador de la Facultad de Filosofía de la Hispalense, de la que fue el primer decano y en la que estuvo dando clases hasta hace tres años.

Nació en Corella (Navarra) el 24 de diciembre de 1921 y llegó a Sevilla en el año 1946, siendo uno de los siete catedráticos de Filosofía que había en España por entonces. Numerario del Opus Dei, su cátedra era la de fundamentos de la filosofía y luego se especializó en la antropología filosófica. Sus discípulos le recuerdan como un profesor muy abierto y muy libre, que ha formado a personas de todas las religiones y de todos los partidos políticos.

Antes de fundar la Facultad de Filosofía, creó una sección de literatura en la sede de la Escuela de Estudios Panamericanos. Por ahí pasaron poetas de la talla de Antonio Gala y de Aquilino Duque. Su obra poética se publicó en el año 1994 en una antología titulada Poemas del hombre y de la tierra, que reunía versos escritos a lo largo de toda su vida.

Arellano ha formado a todas las generaciones de filósofos salidos de la Universidad de Sevilla. Uno de sus discípulos, el catedrático de Filosofía José Villalobos, explica que se caracterizaba por la claridad en sus clases, por la precisión en el lenguaje y por el trato siempre cercano. “En los años sesenta no era habitual que un catedrático charlara con los alumnos y se reuniera con ellos”.

Jesús Arellano se jubiló a los 65 años por imperativo legal pero luego pudo seguir impartiendo clases como catedrático emérito. Deja una serie de libros inéditos, algunos de los cuales se encuentran en poder de sus discípulos.

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Millán-Puelles en el diario «ABC». Década de los 40

Habiendo nacido AMP en 1921, en 1940 tenía diecinueve años; en 1949, veintiocho.

Terminada la Guerra Civil española en 1939, nuestro autor había comenzado los estudios de medicina en la Universidad de Cádiz. Como es muy sabido, al año siguiente pasó a Filosofía, inspirado por la lectura casual de Husserl. Para ello, pasó a vivir en Sevilla, en septiembre de 1939. Terminados los cursos comunes, marchó a la Universidad Central de Madrid en 1941. En junio de 1943 obtenía la Licenciatura.

Vino luego su decisión de opositar a Cátedra de Institutos Nacionales de Educación, animado por uno de sus profesores, el P. Mindán. También en este tiempo publicó sus primeros trabajos científicos, que habían sido redactados durante los estudios de licenciatura.

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José Millán Muñoz

El padre de Antonio Millán-Puelles fue José Millán Muñoz. Es grande la importancia de su figura para entender la personalidad psicológica, moral e intelectual de Antonio.

Nació en 1883 o 1884. Falleció el 22 de octubre de 1956, esto es, los 73 o 74 años de edad. Sus padres eran José Millán Ruiz (de Cádiz) y Antonia Muñoz de Lasa (de Vejer de la Frontera).

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Para la biografía de AMP

Lo que hoy es públicamente conocido de la vida de AMP, ha sido expuesto por mí mismo en un artículo titulado Datos para la biografía de A. Millán-Puelles (1921-2005), publicado en la revista «Pensamiento y Cultura» (Universidad de la Sabana, Colombia), vol. 10 (noviembre 2007), pp. 13-38. Con ese trabajo sólo me propuse ordenar lo ya conocido y publicado, añadiendo algún elemento y rectificando algún error.

Falta por hacer una investigación sistemática de fuentes primarias. Así, por ejemplo, debería esclarecerse el paso de AMP por las aulas de las Universidades de Sevilla y de Madrid, las oposiciones a Institutos y a la Universidad, las numerosísimas conferencias que impartió a lo largo de su vida, las estancias en el extranjero (especialmente en Münster), etc. Creo particularmente importante determinar en general cuáles fueron sus principales apoyos en su periodo de formación y con qué grupos intelectuales, religiosos y políticos se movió a lo largo de su vida. En aquel texto de 2007 también se ha deslizado algún error que habrá que rectificar.

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