“Mi gratitud a Franco”

Harto de la situación que vivía, y como llevando a cabo una obligación moral, Antonio Millán-Puelles publicó en la revista Razón Española (n. 104, noviembre-diciembre 2000, p. 36) el siguiente brevísimo artículo:

No tuve el honor de tratar personalmente a Franco y por lo demás, nunca he sentido la noble vocación de la política, a veces tan profanada. Mi gratitud a Franco responde exclusivamente a lo que entiendo que es un puro y simple deber de elemental justicia, independientemente de toda clase de prejuicios ideológicos, aunque no de unas básicas y esenciales ideas acerca del bien común.

La victoria capitaneada por Franco en nuestra guerra de 1936-39 nos salvó a todos los españoles de las aberraciones del socialismo incivil y de la monstruosidad del comunismo. Todos los españoles debemos también a Franco el habernos ahorrado las pavorosas consecuencias que nos hubiese traído la participación en la guerra mundial subsiguiente a la nuestra. Y mientras Franco vivió, los españoles estuvimos libres de la bochornosa legislación que hoy nos permite algunas de las peores depravaciones morales y hasta consiente que se las subvencione con el dinero del erario publico. ¿Puede alguien imaginar que con Franco hubiese sido posible algo semejante, ni aun de lejos, a estas conquistas del libertinaje político?

A lo que llevo dicho debo añadir que Franco supo hacernos imposible, a lo largo de todo su mandato, esa especie de permanente guerra civil fría –a veces recalentada– que es la pura «partitocracia» con su apriorística y sistemática oposición a cuanto haga el Gobierno de turno y con el fuego cruzado de groserías y difamaciones a cargo de los portavoces y representantes de los distintos bandos.

Hasta cierto punto, me parece explicable el rencor a Franco en quienes lucharon contra él y en quienes fueron sentimentalmente los herederos de ellos. Perdonar al vencedor es más difícil que perdonar al vencido. Lo que no logro en cambio, es encontrar una relativa disculpa a quienes habiendo sido admiradores, y hasta colaboradores de Franco, guardan un silencio sepulcral ante las injurias que se le vienen haciendo tras su muerte, cuando no es que se suman a ellas con cobardes ambigüedades y plebeyos oportunismos.

Pero estoy convencido de que una sensibilidad normal y una información no adulterada bastarán para que la imagen de Franco quede libre de las manchas y sombras que el resentimiento y la manipulación siguen proyectando sobre ella. «Franco merece un recuerdo lleno de gratitud». Son palabras de S.S. Pablo VI.

Este mismo texto fue reproducido en «Boletín Informativo Fundación Nacional Francisco Franco», n. 94, abril-junio 2003, p. 5.


El 19 de noviembre de 2003, en el salón de actos de los dominicos de Claudio Coello, en Madrid, Millán-Puelles participó en la presentación de la reedición del libro titulado Franco, cristiano ejemplar, del benedictino Manuel Garrido Bonaño. Como puede imaginarse, brotó de inmediato contra Millán-Puelles una amplia reacción despectiva, con algunos insultos en la prensa. Puede destacarse, por su bajeza, lo que publicó el periodista Ignacio Escolar.

En el periódico «La razón» del domingo 28 de diciembre se publicaba en la sección de Cartas al Director («La Razón», 28 de diciembre de 2003, pág. 10) una que Millán-Puelles había enviado en descargo de ciegas y burdas acusaciones que se le habían hecho en ese periódico. Luis María Ansón publicó la carta algo recortada, a pesar de conocer de largo a Millán-Puelles al menos desde los tiempos del Consejo Privado de S.A.R. Don Juan de Borbón. (Nada de ello obsta para que el 27 de marzo de 2005 Ansón publicara en su sección «Canela fina» del diario «La Razón» una muy elogiosa nota necrológica. Millán-Puelles falleció el 22 de marzo de 2005).

Aparte de deshacer el error en algunos datos sobre su biografía, Millán-Puelles centraba su argumentación en los siguientes términos: «… yo no he defendido en público la beatificación del general Franco. En un acto de presentación del libro “Franco, cristiano ejemplar”, cuyo autor es el prestigioso benedictino Manuel Garrido Bonaño, me limité a dar cuenta de los testimonios de las más altas jerarquías de la Iglesia (papas y cardenales) sobre la ejemplaridad del cristianismo de Franco. No soy yo quién para intervenir en un debate sobre una beatificación. Doctores tiene la Iglesia». Este mismo Millán-Puelles en 1964 había escrito en el periódico «ABC» con el título El plural de la democracia («ABC», 18 de septiembre de 1964, pág. 3).

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