Archivos mensuales: julio 2016

Relaciones entre AMP y la Fundación Juan March. Y un desmentido

Para estudiar la relación que AMP mantuvo con la Fundación Juan March he empleado estas fuentes:

Primarias:

  • Expediente de la beca Grupo F Ciencias sagradas, filosóficas e históricas, iniciado el 13 de octubre de 1961, que contiene la instancia 412, los informes parciales y otros documentos.
  • Expediente de la ayuda Grupo VIII Ciencias filosóficas, iniciado el 12 de diciembre de 1962, que contiene la instancia 896, los informes parciales y otros documentos.
  • «Anales de la Fundación Juan March» 1956-1962 (editado en 1965), 1963-1965 (de 1972), 1966-1970, 1971 (ed. 1973) y 1972 (ed. 1974).
  • Página web de la Fundación Juan March: http://www.march.es/

Secundarias:

  • Sánchez Ron, J. M. (2005). Cincuenta años de cultura e investigación en España: la Fundación Juan March (1955-2005). Barcelona: Crítica.

I. Sobre la Fundación Juan March

La Fundación Juan March fue creada en 1955 por el banquero Juan March Ordinas (1880-1962), para el desarrollo de actividades en humanidades y ciencias.

Organiza exposiciones de arte, conciertos musicales, conferencias y seminarios. Desde 1956 hasta 1961 concedió los Premios Juan March. En sus primeras convocatorias, los premios tenían una dotación económica de 500.000 pts., y lo obtuvieron, entre otros, Menéndez Pidal, Rey Pastor, Marañón, Pemán, Anglada Camarasa, Azorín, Julio Palacios, Jiménez Díaz, Federico de Castro, Pérez de Ayala, Gerardo Diego, hasta 27 personalidades.

Desde 1959 hasta 1962 concedió también premios literarios en distintas modalidades, dotados con 300.000 pts. «Los premiados fueron: en 1959, Gonzalo Torrente Ballester (Novela), Antonio Buero Vallejo (Teatro) y José Hierro (Poesía); en 1960, Dámaso Alonso (Ensayo de Creación),José Pla (Periodismo Literario) y Melchor Fernández Almagro (Crítica); en 1962, Ramón Gómez de la Serna («Madrid»), Martín de Riquer Morera («Cataluña») y Ramón Otero Pedrayo («Galicia»)», Sánchez Ron 2005, 75.

Desde 1957 hasta finales de los ochenta, convocó de becas de estudios y creación para España y el extranjero. Entre 1956 y finales de los ochenta concedió cerca de 5800 becas.

La propia Fundación divide su historia en cinco periodos. El primero va de 1955 hasta 1974; el segundo, de 1975 hasta 1985; el tercero, de 1986 hasta 2004; el cuarto se limita al cincuentenario de 2005, y el quinto se inaugura en 2006 y llega hasta hoy.

Sin embargo, y a la vista de las actividades de la Fundación recogidas en los «Anales», parece necesario tener en cuenta ciertas inflexiones debidas a cambios de dirección o de definición de objetivos. En 1962, tras la muerte del iniciador, le sucede en la Presidencia su hijo, Juan March Servera (1906-1973). Después es Presidente, desde 1973, Juan March Delgado (1940). En 1971 hay en la Fundación un cambio significativo de organización y de finalidades, coincidiendo con la ampliación del capital de la Fundación, la dirección encomendada a Cruz Martínez Esteruelas (entre 1970 y 1973) y del proyecto y realización de la nueva sede. En 1971 tuvo lugar una profunda reestructuración de Departamentos y personas responsables, como puede verse el «Anales» de ese año.

II. AMP y la Fundación Juan March

Según la documentación consultada, la relación de AMP con la Fundación Juan March se inicia en 1961, cuando solicita, y obtiene, la Beca de estudios en España para investigar Las causas extrínsecas de la educación. La Memoria definitiva fue depositada el 13 de diciembre de 1962. Al día siguiente, AMP registraba la solicitud de una Ayuda de investigación para el tema La estructura de la subjetividad (El ser personal del hombre como dialéctica de intimidad y trascendencia). La correspondiente Memoria final entró en la Fundación el 16 de septiembre de 1965.

Al mismo tiempo casi, AMP, que había ingresado en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas el 18 de marzo de 1961, era invitado por la Fundación para participar en jurados de becas. Ha de tenerse en cuenta que, hasta 1970

En el periodo 1963-65 (vid. «Anales»), Millán-Puelles interviene en la Fundación en las siguientes ocasiones:

1. Jurado del Grupo IX (Ciencias Históricas) para la concesión de Ayudas de investigación en 1964 («Anales 1963-1965», p. 246). Fue designado para tal fin por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Los otros ocho miembros del Jurado fueron: F. Vidal Soler y B. Alonso Velasco (designados por el Cardenal Primado), A. Martín Artajo (también designado por la Academia de Ciencias Morales) , A. Melón y Ruiz de Gordejuela y A. García Bellido (por la Academia de la Historia), J. A. Calderón Quijano y P. Pedret Casado (designados por el Consejo de Rectores de Universidades) y E. Sáez Sánchez (del CSIC). El Patronato de la Fundación nombró Secretario del Jurado a L. E. Palacios, que ya en otras ocasiones anteriores había intervenido en esas tareas.

La persona elegida por el Jurado, sobre veinticuatro candidatos, fue J. A. Maravall Casesnoves, cuyo trabajo versó sobre La formación del Estado moderno en España.

2. Jurado del Grupo F (Ciencias sagradas, filosóficas e históricas) para la concesión de becas en España en 1964. Los demás miembros y el secretario eran los mismos que los del Jurado para las Ayudas de investigación.

Fueron becados: F. de Armas Medina (Cristianización del Perú en la primera mitad del siglo XVII), A. Domínguez Ortiz (La Iglesia española y el Estado en el siglo XVII), M. Gual Camarena (El primer manual hispánico de mercadería, siglo XIV), J. L. Martín Rodríguez (Orígenes de la Orden Militar de Santiago, 1170-1195), V. Muñoz Delgado (La lógica en Salamanca y Alcalá durante el siglo XVI), L. Ortiz Muñoz (Dios con nosotros. Reliquias de la Pasión), V. L. de la Reina Bernáldez (El sistema beneficial), J. Rodríguez Fernández (Ramiro II de León). En «Anales 1963-1965», p. 355, en nota, se dice que hubo dos becarios más que no presentaron la Memoria final. No se dice sus nombres, sí los temas.

3. Para 1965 hubo cuatro solicitudes de ayudas en la sección de ciencias filosóficas, pero el Jurado dejó desierto el concurso. Lo conformaban («Anales 1963-1965», p. 487): Á. Morán Otero y F. de Asís González (por el Cardenal Primado), A. García Valdecasas y C. Ruiz del Castillo (R. Academia de Ciencias Morales y Políticas), P. Laín Entralgo y Á. Ferrari (R. Academia de la Historia), L. Fernández Suárez y J. Arellano Catalán (designados por el Consejo de Rectores), A. Millán Puelles (por el CSIC), Á. González Álvarez y A. Pacios López (por el Consejo del Patronato de la Fundación), y fue Secretario L. E. Palacios.

4. El mismo Jurado otorgó becas del Grupo F (Ciencias sagradas, filosóficas e históricas) en 1965 a los siguientes: C. Alonso del Real y Ramos (Significación religiosa de las cuevas con pinturas del norte de España), P. Borges Morán (El sistema de la aportación española a las misiones de América durante la época del Real Patronato), S. Casas Blanco (Preparación de una nueva edición completa de Los problemas fundamentales de la filosofía y del dogma de Ángel Amor Ruibal), J. L. Fernández Trespalacios (El concepto de espíritu en Descartes y las escuelas de psicología moderna), F. Martín Hernández (Los seminarios españoles: historia y pedagogía, 1700-1808), P. Ridruejo Alonso (Sobre la noción filosófica del bienestar), J. F. Rivera Recio (Provisiones de las sedes episcopales de la provincia eclesiástica de Toledo durante los siglos XIII y XIV), J. Valdeón Baruque (Estudios sobre la sociedad castellana de la segunda mitad del siglo XIV), A. Vargas-Machuca Gutiérrez (Escritura, tradición e Iglesia como reglas de fe, según Francisco Suárez). Esta vez vuelve a leerse en nota, p. 615, que una Memoria final de un becario no fue aprobada.

5. Para el Grupo VI (Ciencias sagradas, filosóficas e históricas) de becas en el extranjero de 1965, la Fundación creó el siguiente Jurado («Anales 1963-1965», p. 783): A. Martín Artajo y A. Millán Puelles (R. Academia de Ciencias Morales y Políticas), A. Melón y Ruiz de Gordejuela y A. García Bellido (R. Academia de la Historia), J. A. Calderón Quijano y P. Pedret Casado (Consejo de Rectores) y E. Sáez Sánchez (CSIC). Como Secretario, L. E. Palacios.

Fueron becados: M. Álvarez Gómez (Dios y el ser, según Nicolás de Cusa), T. de Andrés Hernansanz (Un estudio del nominalismo de Guillermo de Ockham desde el punto de vista de sus relaciones con la actual filosofía del lenguaje, sobre todo a través de su teoría de concepto-signo lingüístico), J. Mª Arias Azpiazu (Los fundamentos metafísicos y antropológicos de la educación), Mª del C. Arregui de la Madrid (Documentos portugueses de la alta edad media), C. Batle Gallart (Las relaciones comerciales entre Barcelona y Génova a mediados del siglo XV), F. Beltrán Ramírez (La ciencia y el problema de la verdad), R. Benítez Claros (Aspectos de la novela picaresca española en los Países Bajos), P. Damboriena Echavide (Situación teológico-escriturística de las principales comunidades eclesiales de la Reforma. Puntos de coincidencia y de divergencia entre la concepción religiosa católica y protestante), J. Mª González del Valle Cienfuegos-Jovellanos (La función de la voluntad en la determinación de lo jurídico), J. Jiménez Delgado (Studia bratiana), E. Luque Alcaide (La educación del Risorgimento italiano a través de la Ley Casati), J. Mosterín Heras (Epistemología de la matemática), M. Vallejo Cantera (Benedicto XIII, Pedro de Luna, y los judíos españoles), J. Zandueta Vera (Los temas religiosos en el pensamiento de Maurice Blondel). Los «Anales» correspondientes también dan cuenta de que un becario no presentó la Memoria final.

6. En 1966 (según «Anales 1966-1970», p. 241), Millán-Puelles (designado por el CSIC) participó en el Jurado de concesión de becas en el extranjero para el Grupo VI (Ciencias sagradas, filosóficas e históricas), junto a Á. Morán Otero y F. de Asís González (por el Cardenal Primado), A. García Valdecasas y C. Ruiz del Catillo (R. Academia de Ciencias Morales y Políticas), P. Laín Entralgo y Á. Ferrari y Núñez (R. Academia de la Historia), L. Suárez Fernández y J. Arellano Catalán (Consejo de Rectores), Á. González Álvarez y A. Pacios López (Consejo del Patronato de la Fundación). De nuevo es Secretario L. E. Palacios.

Son becados: M. Cabada Castro (Ser y Dios en Gustav Siewerth), V. Collado Bertomeu (Escatologías de los Profetas), J. Cruz Cruz (La realidad del hombre), A. Domínguez Basalo (Une phénoménologie de l’interiorité. La philosophie de Michel Henry), M. Gesteira Garza (La Eucaristía en la teología protestante), J. Hierro Sánchez-Pescador (Lógica de los juicios normativos), J. R. Moncho Pascual (La doctrina de la razón práctica en Santo Tomás), R. Muñoz Jiménez (El lugar de la razón en la teología islámica contemporánea), J. Oroz Reta (La filosofía en Virgilio), E. Pérez Hick (Las modalidades trascendentales de la verdad en Platón), L. Pérez Martínez (Introducción a los estudios lulianos), J. Rodríguez de Rivera y Ramírez de Verger (La teología de los dos reinos), J. J. Torres Esbarranch (Léxico y estilo de Tucídides). Hay dos becarios que no presentan la Memoria final.

III. Un desmentido: no hay Premio Juan March

Yo mismo mantuve un dato de la biografía de AMP que es falso, en mi trabajo Datos para la biografía de Antonio Millán-Puelles (1921-2005), «Pensamiento y cultura», vol. 10 (noviembre 2007), pp. 13-38. Me limité a repetir el dato de que AMP recibió en 1966 el «Premio Juan March de investigación filosófica». Consultados los «Anales» pertinentes de la Fundación Juan March, y personas de la propia Fundación, concluyo que ni le fue otorgado a AMP ese premio, sino que ni siquiera el premio existió.

Anuncios

Becas de la Fundación Juan March (II). La subjetividad

Una de las obras centrales de la filosofía de AMP es La estructura de la subjetividad (LES), aparecida en 1967 en Rialp. En la página 11 dice: “NOTA.- La Fundación Juan March concedió su Ayuda a la Investigación en Ciencias Filosóficas (1963) al proyecto de la presente obra”. Pues bien, de ello queda un rastro importante en la Fundación.

Con signatura MB-1962.6, hay en la biblioteca de la Fundación Juan March un documento titulado La estructura de la subjetividad, que consta de 383 hojas en folio mecanografiadas a una cara. Dice en la portada: “Memoria del trabajo realizado por Antonio Millán Puelles, beneficiario de la Ayuda de Investigación para Ciencias Sagradas, Históricas y Filosóficas, concedida por la Fundación “Juan March” en el año 1963″. Viene a continuación la firma autógrafa de AMP a fecha 15 de septiembre de 1965. Hay el sello del registro de entrada de la Fundación, con número 3584 y fecha 16 de septiembre de 1965. Se indica “Archivo 2-4-12”. Y a mano, en la portada, pone: “Devuelta 28-9-65”.

Este documento, del que no ha quedado copia ni original en el archivo de AMP (depositado en la Universidad de Navarra), contiene una versión del libro La estructura de la subjetividad, y las variaciones entre uno y otro textos puede ser útil para entender bien los contenidos de esta importante obra. Por supuesto, me parece indiscutible el criterio de que lo publicado contiene el pensamiento de AMP, por ser eso, y solo eso, lo que su autor quiso dar al público. Así que, en caso de contraste con fuentes no estrictamente públicas (como es el caso del referido texto de 1965), hay que inclinarse por mantener lo publicado, en términos generales. No es que el texto de 1965 no haya de ser tomado como público, en cuanto que entregado como memoria final a la Fundación Juan March. Entiendo que, así como en la discrepancia entre dos ediciones de una misma obra de un autor, en principio ha de tomarse como definitivo el texto de la posterior, aquí ha de procederse del mismo modo. Es decir, como si el texto de la memoria de 1965 (en adelante LES1965) constituyera la primera edición del libro (LES1967). Por supuesto, tampoco habrá que olvidar la comparación con otros textos publicados de AMP que eventualmente tengan que ver con LES.

A continuación me dedicaré a presentar algunas observaciones resultantes de una muy rápida comparación entre LES1965 y el libro LES1967. Ya a primera vista destacan algunas diferencias interesantes para un estudioso cuidadoso de la obra de AMP.

  1. Tanto el libro como la memoria se dividen en cuatro: una introducción y tres partes.
  2. En LES1967 hay un Estado de la cuestión (pp. 7-11) que no está en LES1965. En esas páginas AMP hace una presentación del tema del libro en relación con sus antecedentes históricos desde Descartes.
  3. La primera gran división de ambos textos se titula Introducción. Realidad, apariencia y subjetividad.
    • En LES1965, la introducción comienza con un texto sin título propio, que ocupa las pp. 2-7, y que ha sido completamente suprimido (quizás reubicado, pero lo creo poco probable) en LES1967. Presenta los conceptos principales de la investigación y, por alguna razón, a AMP le pareció prescindible cuando revisó la memoria para editar el libro.
    • Esta introducción es dividida, en ambos textos, en tres, con los mismos títulos. La única diferencia es que en LES1965 se les llama capítulos (y su numeración es correlativa para todo el texto, hasta el final), y en LES1967 se prefiere mantener solamente números romanos que reinician en cada parte del libro.
  4. La Primera Parte tiene títulos diferentes.
    • En el índice (p. 1) de LES1965 pone La finitud de la subjetividad humana. Pero en el cuerpo del trabajo de LES1965 dice La finitud de la conciencia humana
    • En el libro LES1967 se titula El no-ser de la conciencia.
  5. En ambos textos, la Primera Parte se divide en dos secciones. Hay diferencias en el título de la primera: en LES 1965 El no-ser temporal de la conciencia, y en LES1967 La negatividad temporal de la conciencia.
  6. El punto I de la Sección Primera se titula El comienzo absoluto de la subjetividad en LES1965, y La incepción radical de la subjetividad en LES1967. El punto II tiene idéntico título en ambas.
    • Los capítulos, en LES1965 no tienen divisiones con título, sino solamente mediante asteriscos; en LES1967 hay puntos que sí tienen divisiones con títulos propios. O sea, el índice de LES1967 es más detallado que el de LES1965.
  7. Respecto de la Segunda Parte, no hay diferencias de estructura entre LES1965 y LES1967, salvo el mayor detalle en el libro respecto de la memoria.
    • En general, el texto de una y otra versión casi coinciden, salvo lo indicado al principio (y lo que se dirá a continuación sobre la Segunda Parte). Aunque es significativo que en la edición posterior ha hecho AMP abundantes alteraciones de detalle, en palabras sueltas. Alguna que otra vez se reorganizan frases enteras, y más raramente, algunos párrafos. La comparación de ambas versiones puede ser instructiva.
  8. Donde hay más diferencias entre versiones es en la Tercera Parte. En general, los textos conservados hacen ver que:
    • AMP modificó esta Tercera Parte incluso en el tiempo inmediatamente anterior a la entrega de la memoria en la Fundación. Se nota que hay una primera redacción que es alterada.
    • La versión LES1967 final reordena los materiales de LES1965 y añaden toda la Sección Segunda. Como sabemos, lo que en LES1967 aparece como Teoría de la intimidad (pp. 319-417), que ocupa, como se ve, un cuarto de la extensión total del libro, corresponde a los materiales preparatorios de las lecciones que AMP impartiría en 1967 ó 1968 en la Universidad de Maguncia. (De esos materiales se conserva la versión mecanografiada en alemán hecha por el propio AMP y revisada por el Prof. W. Strobl).
  9. Las diferencias estructurales entre ambas versiones puede verse mejor en este cuadro:
LES1965 (Memoria) LES1967 (Libro)
TERCERA PARTE. LA INTIMIDAD SUBJETIVA TERCERA PARTE. LA INTIMIDAD SUBJETIVA

Sección Primera: Las aporías a la intimidad

[Índice] Sección primera. La intimidad de la conciencia en acto

[Cuerpo] Sección primera. Las aporías de la intimidad

I. Aporías a la intimidad consciente en acto

[Índice] Capítulo XIII. El sentido corpóreo de la intimidad

[Cuerpo] Capítulo XIII. Aporías a la intimidad de la conciencia en acto

1. Oposición a la heterología de la conciencia
Capítulo XIV. Aporías generales a la tautología subjetiva 2. La intimidad como hecho negativo
Sección segunda. La intimidad aptitudinal II. Aporías a la intimidad aptitudinal
Capítulo XV. De la conciencia a la intimidad preconsciente 1. La objeción «positivista»
Capítulo XVI. Historicidad, libertad, naturaleza 2. Historicismo y existencialismo

También sobre esta Tercera Parte resaltan estas diferencias:

  1. En LES1967 hay una introducción sin título, que ocupa las pp. 251-253 y que parece una reelaboración del inicio del Cap. XIII de LES1965. Asimismo, da la impresión de que ese Capítulo XIII de LES1965 ha sido compuesto con textos de origen distinto, a juzgar por la mecanografía.
  2. Las páginas 290-303 de LES1965 no están en LES1967.
  3. Respecto de la sección sobre la intimidad aptitudinal, las pp. 361-363 de LES1965 se suprimen en LES1967.

Un libro sobre el existencialismo, 1945 (y III)

Las «Notas a un libro sobre filosofía existencial», de 1945, ofrece interesantes detalles sobre la formación y desarrollo del pensamiento de AMP. En la anterior entrada he dicho que me limito a presentar dos observaciones. La primera -desarrollada en esa misma entrada- es la coincidencia de AMP con González Álvarez en atribuir al existencialismo la convicción de que la existencia es relación. La segunda solo fue enunciada: otra coincidencia entre ambos en distinguir, en el análisis del existente humano, autorrelación y heterorrelación (González Álvarez), o tautología y heterología (AMP).

Existencia como relación

Falta añadir, a las consideraciones hechas en la anterior entrada, alguna cosa más. Entonces me he limitado a presentar las tesis de González Álvarez. Creo que son interesantes las palabras de AMP a su respecto.

Cuando se refiere a la exposición que González Álvarez hace de la filosofía de Kant, dice AMP:

No escapa el existencialismo a la sombra gigantesca que ha proyectado el filósofo de las Críticas. Contribución capital a la historia de la filosofía, el análisis de ese gran precedente kantiano justifica por sí solo una investigación. En la presente, el pensamiento de Kant, periféricamente epistemológico, es taladrado hasta la íntima textura de su encubierto suelo metafísico. Es, justamente, en torno al concepto de la existencia como se despliega la tarea de denuncia del trasfondo ontológico kantiano. El separado examen de las cuestiones ontológica y noética de la existencia no hace sino confirmar el hallazgo. El ser de la existencia consiste en emplazarse entre el tejido de las relaciones. Existir es estar relacionado. Con este último acto la historia moderna del predicamento «relación» llega al fin de una curva singularmente instructiva. Se ha transitado del desprecio a la hipérbole: Kant inaugura el paso decisivo.

En cuanto al existencialismo, «la ontología kierkegaardiana constituye un esquema apretado de los característicos despliegues existencialistas de la categoría de la relación».

Tautología y heterología subjetivas

Se trata de una mera constatación. En el libro de González Álvarez el estudio de las posiciones existencialistas se estructura constantemente según la distinción entre autorrelación y heterorrelación. El existente tiene una relación radical consigo mismo (autorrelación) e indisolublemente con ella, está constituido asimismo por su referencia a todo lo que no es él (heterorrelación).

La «visión sistemática de la doctrina general» existencialista que ofrece González Álvarez en su libro, es resumida en los siguientes términos por AMP:

De nuevo la categoría de la relación permite construir su estructura. El máximo servicio que la investigación nos sirve ahora es el de haber resuelto el problema de las equivalencias conceptuales y terminológicas de los distintos existencialismos. Dos dimensiones tiene el existente humano. Por la primera, la autorrelación, se constituye la intimidad de nuestra clausura. Existimos en tanto que con nosotros mismos nos relacionamos. Y esta autorrelación constitutiva de la ipseidad no es una mera propiedad tenida, no es atributo o plus sobreañadido, sino la esencia misma que nosotros somos. Mas no se agota aquí la relación que vertebra la existencia. Hay, además de la autorrelación, una esencial intencionalidad ad extra, la heterorrelación, por la que el existente se abre y abrocha al contorno-escenario de su propio drama. Existir es autorrelacionarse y estar en constitutiva ligazón con lo otro.

Por su parte, AMP organiza La estructura de la subjetividad según esa misma distinción, aunque con nombres diferentes. La estructura consta de tres partes con una introducción. La introducción cumple lo que anuncia, pues es un planteamiento del problema que da origen a todo el libro, a saber, el hecho de que la conciencia humana puede ser víctima de apariencias y errores. La solución (el resto del libro) comporta, para AMP, recorrer tres etapas, de las cuales la primera estriba sobre todo en un análisis fenomenológico, es decir, descriptivo, de la finitud de la conciencia humana. Esta finitud se muestra en que la conciencia no es continua, sino intermitente, por así decir; y en la intrínseca condición de incompleto, de falto de completa transparencia, que tiene todo acto de conciencia humana.

Las otras dos partes del libro responden al esquema heterología-tautología, y tienen en común el ir más allá de la descripción e incluir esencialmente la investigación de las condiciones de la posibilidad de aquellos hechos iniciales. La segunda parte del libro se titula «El trascender intencional», esto es, el estudio de lo característico de la heterología humana. La tercera parte -cuya gestación fue, por otro lado, más compleja- versa sobre «La intimidad subjetiva»; esto es, sobre la tautología de la subjetividad.

En «Anales de la Fundación Juan March 1956-1962», p. 261, se puede leer, como resumen del estado de la cuestión a que se refiere La estructura de la subjetividad:

La tesis idealista de que las cosas son meramente el término de la actividad subjetiva es reemplazada en la filosofía de la existencia
por la concepción según la cual la subjetividad no es otra cosa que el polo constituyente de su propia función intencional. Si lo que había negado el idealismo era la consistencia óntica objetiva de los seres extramentales, lo que la nueva ontología excluye es la consistencia metafísica de la intimidad de la persona humana. Frente a estas dos actitudes se trata de elaborar una dialéctica de la trascendencia y la intimidad de la persona humana, sin reducir ninguno de sus términos a su ser-para-el-otro.

Esa «dialéctica de la trascendencia y la intimidad» no es otra cosa que la distinción y relación entre heterología y  tautología subjetivas. (El texto transcrito no consta como redactado por AMP, pero todos los indicios estilísticos hacen pensar que fue preparado por él mismo).

El interés por el existencialismo

Hay ocasiones en las que AMP recuerda que su interés por el existencialismo procede, por lo menos, de los tiempos de sus estudios en la Universidad Central de Madrid. El profesor Juan Francisco Yela Utrilla era aficionado a K. Jaspers, y fue asimismo, por cierto, el director de la tesis doctoral de Á. González Álvarez. Desde luego, AMP llega a la redacción de esta «Nota», como puede comprobarse al leerla, con un profundo conocimiento de las doctrinas existencialistas.

En estas «Notas a un libro sobre filosofía existencial», AMP hace balance del valor histórico del existencialismo. Entiende nuestro autor que la filosofía de su tiempo, a fuerza de crítica y resistente a la metafísica, ha vuelto a ella. En ese giro considera que ha tenido un «importantísimo papel» la fenomenología, porque «el método de las puras descripciones aparece enclavado a mitad del camino entre las viejas interpretaciones críticas y la naciente doctrina metafísica». Junto a este mérito, no duda AMP en achacarle dos serios deméritos, expresados en términos fulminantes:

Pero este obligado y como natural punto de tránsito ha comenzado a prolongarse con exceso, falseando a las veces el sentido de las nuevas conquistas. Hoy ya gravita demasiado lo que antes fue premisa, aunque menor, inexcusable. El propio Husserl queda encerrado en el ámbito angosto de una objetividad sin trascendencia y como asfixiada. La ética axiológica deviene solo puro formalismo (Scheler) o acaba dando a luz engendros monstruosos, monodimensionales excrecencias que se culminan en el regateo de Dios (Hartmann).

Estas limitaciones -idealismo y ateísmo- no se dan, en principio, según AMP, en el existencialismo. Lo que falta por determinar es si el existencialismo logra lo que promete, y a tal fin AMP considera útil el libro de González Álvarez. A las conclusiones críticas de este se suma AMP, sin dejar de señalarle un posible punto de progreso sobre su trabajo: la investigación del «interesantísimo problema de las relaciones trascendentales», pues ello permitiría, según AMP, una «vuelta hacia el ser que, como una proclama esperanzada, brota y vibra al final de su estudio». Este es el sentido del que deriva esa sugerencia:

La primera estación de la crítica que se nos brinda es el trazado de la clara divisoria que separa noética de metafísica. Ante todo, el existencialismo falla porque se ofrece víctima de una confusión entre ambos órdenes. Es cierta la existencia de una relación trascendental a Dios de los seres finitos, sin la cual esos seres no podrían existir. Pero ello no significa que el descubrimiento de Dios venga al cabo y final de esa relación. O en frase del propio autor, que esta vez utiliza terminología existencialista: «Es imposible afirmar antes de conocer la Trascendencia que la esencia de la existencia es la presencia».

Becas de la Fundación Juan March (I). Sobre educación

Hay constancia de dos becas de investigación concedidas a AMP por la Fundación Juan March en los años sesenta. La primera de ellas tiene como fruto la memoria titulada Las causas extrínsecas de la educación. Este texto puede ser leído en la Biblioteca de la Fundación, en cuyo depósito figura con la signatura MB-1961.59. Dedico esta entrada a describir ese documento.

Leer más de esta entrada

A %d blogueros les gusta esto: