Un libro sobre el existencialismo, 1945 (I)

Ángel L. González, in memoriam

 

Millán-Puelles aprecia la filosofía existencialista desde los primeros momentos de su carrera profesional. De ello queda rastro abundante. Es una muestra de ello la reseña que publicó, en 1945, del libro El tema de Dios en la filosofía existencial, de Ángel González Álvarez (CSIC, Madrid, 1945). La reseña apareció en «Arbor», t. IV, nº 10 (julio-agosto 1945), págs. 167-175, con el título de Notas a un libro sobre filosofía existencial.

Las Notas a un libro sobre filosofía existencial es el segundo texto de filosofía publicado por Millán-Puelles. Del primero ya me he hecho eco aquí en una entrada anterior. Esta nueva publicación de Millán-Puelles, más extensa y densa que la primera, mantiene con ella previsibles semejanzas. Desde luego, el estilo literario es el mismo: conceptual, con omisiones intencionadas, algo afectado, exigente y a veces oscuro.

Como en el caso de la anterior reseña sobre Wölfflin, en ésta tampoco hace gracia el autor del orden y esquema del libro. Ambos textos no contienen la descripción de lo que en los libros comentados se expone, sino más bien el comentario de lo que a Millán-Puelles le ha resultado interesante en relación con sus propias reflexiones filosóficas. Puede decirse que, prescindiendo de la forma de lo leído, lo traspasa hasta buscar su nervio fundamental, y sobre ello elabora sus personales consideraciones.

En 1945 Millán-Puelles tenía 24 años. En noviembre del año anterior había ganado la Cátedra de Filosofía del Instituto Nacional de Enseñanza Media de Albacete. Se disponía, tras tomar posesión de la plaza, a preparar su tesis doctoral, que defendería en 1947.

En esta entrada del Blog me limitaré a mostrar el libro de González Álvarez. En otro procuraré examinar la conexión del comentario de Millán-Puelles con el libro, y me pronunciaré sobre algunas secuelas de este texto emilianense en otras obras de nuestro filósofo.

Ángel González Álvarezangel_glez_alvarez

Es interesante que el libro comentado sea, esta vez, de Ángel González Álvarez (1916-1991). Se trata de un personaje de importancia en la historia de la filosofía académica española de la segunda mitad del siglo XX.

Leonés de nacimiento, había estudiado Magisterio y, luego, Filosofía y Letras en Valladolid y Madrid. Antes de leer su tesis doctoral había logrado ser Catedrático de Instituto, puesto que desempeñó primero en La Coruña y luego en Madrid.

Defendió su tesis doctoral el 14 de marzo de 1945, dirigido por Juan Francisco Yela Utrilla. El libro reseñado por Millán-Puelles contiene esa tesis doctoral, la cual obtuvo el Premio Extraordinario.

González Álvarez ganó la Cátedra de Metafísica de la Universidad de Murcia en 1946, y en 1954 la de la Complutense de Madrid. A lo largo de los años llegaría a ser miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Director General de Enseñanza Media, Secretario General del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Rector de la Universidad Complutense de Madrid.

Las vidas de Millán-Puelles y González Álvarez se encontraron numerosas veces.

Valor del existencialismo

Antes de habérselas con las palabras de González Álvarez, las de Millán-Puelles en la reseña comienzan por trazar un mapa de situación de la filosofía «moderna», a la que caracteriza como pasando de la crítica a la metafísica con el paso intermedio por la fenomenología. Con dureza señala Millán-Puelles que, no obstante, la fenomenología ha frenado en algunos casos el tránsito:

«El propio Husserl queda encerrado en el ámbito angosto de una objetividad sin trascendencia y como asfixiada. La ética axiológica deviene solo puro formalismo (Scheler) o acaba dando a luz engendros monstruosos, monodimensionales excrecencias que se culminan en el regateo de Dios (Hartmann)».

El existencialismo marca, a este respecto, un punto de desatasco, de avance hacia la metafísica y la trascendencia.

«Porque, en pleno rigor, dos trascendencias llenan la labor del filósofo: aquella con que asume sin reservas la realidad del mundo, y, sobre todo, la última y definitiva Trascendencia por la que el hombre, tensas sus fuerzas en despliegue máximo, arriba hasta el hallazgo del Supremo Ser. El existencialismo ha cargado, sin duda, sobre sus hombros una y otra tarea. Nosotros entendemos que es su ilustre temática lo que le da cabida en el dominio del filosofar perenne».

Pero, ¿logra el existencialismo un tratamiento adecuado de la trascendencia? Ese es el tema del libro de González Álvarez; esa es la pregunta cuya respuesta persigue Millán-Puelles.

El tema de Dios en la filosofía existencial

El texto de González Álvarez se divide en catorce capítulos. He aquí el índice general:

°   Capítulo I. El tema de Dios en la filosofía y en la historia

  • Primera parte. El concepto de existencia
    • Capítulo II. Precedentes kantianos
    • Capítulo III. Kierkegaard y el existencialismo
    • Capítulo IV. La atmósfera existencialista
    • Capítulo V. Autorrelación existencial
    • Capítulo VI. Heterorrelación existencial
    • Capítulo VII. La existencia religada
  • Segunda parte. La trascendencia
    • Capítulo VIII. La trascendencia formal en Jaspers
    • Capítulo IX. La trascendencia en el existencialismo francés
    • Capítulo X. La cognoscibilidad de la trascendencia
  • Tercera parte. La prueba de Dios
    • Capítulo XI. Ateísmo e incredulidad como problema
    • Capítulo XII. La crítica de las pruebas tradicionales
    • Capítulo XIII. La trascendencia como prueba de Dios
  • Cuarta parte. Conclusión
    • Capítulo XIV. Conclusiones doctrinales y su valoración

La organización del material que compone el libro cumple con el programa del autor, que se compromete a exponer, primero, las doctrinas existencialistas pertinentes, y deja la crítica y valoración para el segundo y último lugar. Esa era, según cuenta J. García López, la costumbre de González Álvarez en sus enseñanzas académicas. Verdaderamente, el libro es un dechado de orden y claridad, y es muy útil aunque sólo sea para conocer los rasgos fundamentales del existencialismo.

Presenta González Álvarez el existencialismo como una «atmósfera», un «ambiente al que pueden acogerse las especulaciones y doctrinas más variadas en apariencia» (p. 26). Y los dos caracteres que lo distinguen son: el interés por las existencias más que por las esencias, y la primacía del problema del hombre (cfr. pp. 27-28). Esto supuesto, pasa González Álvarez a plantear la pertinencia del tema de su investigación:

«Pero una filosofía que redujera su problemática al hombre no sería filosofía. El existencialismo tiene que trascender del estrecho recinto del hombre concreto. En todos los existencialismos está clara su preocupación por la trascendencia», p. 28.

Teniendo su punto de partida en la fenomenología de la existencia humana, el existencialismo se interesa por «dos especies de trascendencia: un trascender del hombre y un trascender del mundo» (p. 29). La primera es una trascendencia intramundana que tiene como referencia el ser en su universalidad y que en algunos existencialistas –como advierte el autor– escamotean para volver al idealismo. La primera es la trascendencia hacia Dios, asunto en el que las posiciones de los existencialistas son variadísimas. A todo ello, contenido en el Capítulo I, sigue el resto del libro.

El concepto de existencia

La Primera Parte consta de seis capítulos, que pueden agruparse, por sus objetivos, en dos bloques. Los Capítulos II y III, y la mitad del IV, contienen la historia filosófica del existencialismo, a partir de sus antecedentes próximos. Entiéndase que González Álvarez no se limita aquí a recoger datos cronológicos y conexiones externas entre los autores, sino que, por el contrario, desenvuelve unos análisis interesantísimos de las ideas esenciales en juego. El esquema de este primer bloque es el siguiente:

  1. Precedentes:
    • Kant (Capítulo II)
    • Kierkegaard (Capítulo III)
  2. El existencialismo propiamente dicho (Capítulo IV)
    • Existencialismo alemán: K. Jaspers, M. Heidegger, principalmente. Menciona a K. Barth, y sitúa en segunda línea a los discípulos de Jaspers F. J. Brecht y Svizzera (autor que no consigo identificar), y a los heideggerianos G. Krueger, Gadamer, Walter Broecker, K. Löwith, H. Reiner y O. Becker.
    • Existencialismo francés: G. Marcel, principalmente. Alude a la tendencia representada por J. Wahl y V. Jankélévitch y a otra que incluye a R. Le Senne y L. Lavelle
    • Existencialismo ruso, con N. Berdiaeff y L. Chestoff
    • Otros: hay una brevísima referencia al existencialismo italiano (N. Abbagnano).

Para nosotros, distanciados de 1945 en setenta y un años, el existencialismo puede sonar a cosa pasada. En aquel año en el que terminó la Segunda Guerra Mundial, el existencialismo se encontraba en plenitud. Vivían aún K. Jaspers (1883-1969), M. Heidegger (1889-1976), G. Marcel (1889-1973), L. Lavelle (1883-1951), y muchos otros. Esto significa, por otra parte, que el trabajo de González Álvarez es, por necesidad cronológica, incompleto y provisional en algunas de sus dimensiones, sin que ello obste para que sus líneas centrales puedan ser certeras y permanentes. Se comprenderá que haya autores, como J. P. Sartre (1905-1980), que no son siquiera mencionados. (No se entiende la crítica que muchos enemigos de la España de Franco dirigieron, y dirigen, contra aquella España tachándola de aislada y ajena al curso de la historia mundial. He aquí a un profesor español de filosofía que, en medio de nuestra posguerra, se afana por dar a conocer una corriente internacional de pensamiento en pleno desarrollo, in fieri).

1. El examen de la filosofía kantiana en su condición de antecedente del existencialismo se limita al estudio de la doctrina de Kant sobre la existencia, tanto desde un ángulo ontológico como noético. Sorprendente resulta, desde luego, habida cuenta de la conocida tesis kantiana de que la existencia no es un predicado real, sino la posición absoluta de una cosa, que González Álvarez acabe atribuyendo a Kant que:

«Existir se reduce a estar enlazado con la percepción. Una cosa se dice que existe cuando se halla en conexión con el resto de las cosas en el área de nuestra experiencia real o posible, según leyes empíricas de la percepción. La existencia es, pues, una relación. Existir es relacionarse o estar relacionado. Relacionarse con el entendimiento en el área de la experiencia inmediata; con otras cosas y mediante ellas con el entendimiento en el área de la experiencia posible. Y fuera de esto nada podemos decir que exista. He aquí la última conclusión a que llega Kant», pp. 55-56.

2. El estudio que González Álvarez ofrece del pensamiento de Kierkegaard es más amplio y extenso, y recorre también la ontología y la noética existencial del filósofo danés. No es ahora cuestión de entretenerse en pormenores, sino que bastará con tomar nota de la conclusión:

«Aquella idea de la existencia como relación que veíamos en Kant, la encontramos, subrayada y elevada a categoría central, en el pensamiento de Kierkegaard, que habrá de producir, corriendo el tiempo, hondas influencias, dando nacimiento a la nueva filosofía existencial», pp. 101-102.

El segundo bloque de la Primera Parte del libro agrupa por su tema la segunda mitad del Capítulo IV e, íntegros, los restantes V, VI y VII. Se trata ya de presentar la doctrina de la existencia de los existencialistas. Para ello dispone González Álvarez una descripción general y una descripción especial de la existencia. Procuro ahora esquematizar las ideas centrales de la primera:

  1. El existencialismo arranca de la consideración del «hombre concreto», del sujeto «inserto en el mundo» (cfr. p. 114).
  2. Cabe distinguir en el hombre su intimidad y su encontrarse en el mundo: es el hombre un ser «in-sistente» y «con-sistente», clausura y apertura, autorrelación y heterorrelación. «La existencia, en efecto, no será otra cosa que una copulación de clausura en la intimidad y apertura al ser, de situación y ontologicidad» (p. 118).
  3. El hombre no tiene, sino que es clausura y apertura. «Los vínculos de la auto y la heterorrelación no son algo que la existencia tenga, sino aquello en que consiste» (p. 120). Lo cual implica, por tanto, que «la nota de relación como expresiva de la existencia que ya apuntaba en Kant y se manifestaba sin rodeos en Kierkegaard, constituye ahora la médula misma del existencialismo» (ibidem).

Termina esta presentación general con una breve alusión a la libertad de elección y con una primera vinculación del concepto de la existencia con el de la trascendencia. Tras lo cual González Álvarez pasa a la descripción especial de la tesis existencialista sobre la existencia, haciéndola girar alrededor de dos nociones: autorrelación (o clausura, Capítulo V) y heterorrelación (o apertura, Capítulo VI). Son examinadas en Jaspers, Heidegger, Marcel y Lavelle, y este es el saldo:

«[…] creo haber llegado a la conclusión de que, en medio de la diversidad terminológica, la existencia es entendida unánimemente como la coincidencia de autorrelación y heterorrelación», p. 168.

El Capítulo VII de esta Primera Parte constituye en realidad un apéndice. Contiene una recapitulación de lo referido hasta entonces, y otros tres epígrafes destinados a presentar la posición de Heidegger en relación con la trascendencia religiosa. «La trascendencia heideggeriana no puede ir más allá de donde llega la heterorrelación misma, que en ningún caso sobrepasa los límites de la mundanidad» (p. 169). Es decir, la filosofía de Heidegger es atea. Pero González Álvarez hace ver a continuación que ha habido autores que han querido prolongar la filosofía heideggeriana en dirección teísta. Alude a las propuestas de R. Bultmann, H. Reimer y X. Zubiri de prolongar la filosofía del profesor de Friburgo con un «complemento teológico». Los dos primeros son muy brevemente descritos, y Zubiri es objeto de un más detallado análisis.

La trascendencia y la existencia de Dios

Cuando se llega a la Segunda Parte de El tema de Dios en la filosofía existencial ya se llevan consumidas la mitad de las páginas del libro. No por ello hay que pensar que los preparativos del estudio se han dilatado demasiado, puesto que, por el contrario, aquellos proemios terminan por ser muy útiles para hacerse cabal cargo del pensamiento existencialista sobre el Ser por sí.

La Segunda Parte se articula en tres capítulos. El primero (Capítulo VIII) se centra en la aportación de Jaspers sobre la trascendencia. El Capítulo IX versa sobre ese mismo asunto en L. Lavelle, cuya posición es considerada «típica» del existencialismo francés (p. 204). El tercero (Capítulo X) reúne «la especulación de Lavelle, Marcel y Zubiri, pues aunque no coincidentes en el desarrollo, desembocan en soluciones análogas que harán innecesaria la demostración de Dios, como inútil y sin sentido es la demostración de la realidad exterior» (p. 216). Los tres sostienen que Dios es evidente: «Por eso sus conclusiones se mueven en un horizonte que no deja lugar para la negación de Dios ni para la no adhesión a la fe» (p. 240).

La Tercera Parte del libro consta asimismo de tres capítulos sumamente interesantes. En el primero (Capítulo XI) se hace ver que el ontologismo de los existencialistas franceses (Lavelle y Marcel) y español (Zubiri, según González Álvarez) convierte en problema la posibilidad del ateísmo. Para explicarlo, estos autores terminan por apelar a la «soberbia del espíritu», lo mismo que hace J. B. Vico (p. 254).

Después de ello, aborda González Álvarez la crítica de los existencialistas de las pruebas «tradicionales» de la existencia de Dios (Capítulo XII). La cuestión puede resumirse en estos términos:

«El dato fundamental no puede ser el mundo, pues se nos ofrece como mero estar y no tiene sentido sino desde la existencia. Hay que retornar al hombre para encontrar una base sólida y segura en nuestro intento de alcanzar intelectualmente a Dios. Las opiniones sobre el punto concreto de partida serán diferentes en los filósofos existencialistas, pero siempre a base de un acuerdo general en el planteamiento del problema -o en encontrarlo ya planteado- en aquella dimensión humana en que se manifiesta nuestra relación existentiva a la Divinidad», p. 256.

El desarrollo de este asunto se limita a las posiciones de Marcel y Jaspers. Y sólo a la doctrina de este último alude en el Capítulo XIII.

Conclusiones y crítica

La Cuarta Parte, ceñida a un único capítulo, el XIV, de veintidós páginas de extensión, contiene finalmente la crítica o valoración de las posiciones existencialistas, hasta ahora solamente descritas con la mayor sencillez y claridad.

«El pensamiento existencialista parte de un punto concreto, de una experiencia que, dada su radicalidad, pretende alcance y valor metafísicos: la experiencia de la propia existencia inserta en el mundo, encarnada en una situación. El filosofar comienza cuando tropiezo con el problema de mi existencia», p. 282.

Hay aquí un apretado resumen de las doctrinas existencialistas que ocupa los tres primeros epígrafes del Capítulo. A partir del cuarto aparecen las críticas, positivas y negativas. He aquí las negativas:

  1. «Parece que en el fondo de esta cuestión la filosofía existencial se nos ofrece víctima de una confusión entre dos órdenes bien distintos: el metafísico y el noético» (p. 288).
  2. «El tener, la participación y la causalidad son tres nociones que emparentadas y perseguidas hasta el fin dan cuenta satisfactoria de los seres del mundo. No reconocerlo así constituye uno de los fallos de la filosofía de la existencia» (p. 290).
  3. «La existencia no es el ser del hombre ni el de ninguna cosa del mundo. El hombre y el mundo tienen existencia» (p. 292).
  4. «Kant negaba que la existencia fuese para la cosa atributo o determinación y afirmaba que era la posición absoluta de la cosa con todas sus determinaciones. Los existencialistas proclaman que la existencia es la asunción de una situación. En uno y otro caso queda la existencia sin explicar; atienden únicamente a lo que acontece cuando un ser adquiere la existencia» (p. 293).
  5. «Con el tener y la participación ha de unirse la causalidad. No pretendo fundamentar el principio de causalidad ni determinar su validez objetiva ni su alcance metafísico. Únicamente quiero llamar la atención sobre un punto casi olvidado por el existencialismo» (p. 294).
  6. La relación a Dios.
    1. «La religación no es el hombre, aunque acompañe a todo hombre. […] El hombre no es religación. El hombre tiene religación» (pp. 296-297).
    2. «La filosofía existencial, como tal, no resuelve satisfactoriamente el problema filosófico de Dios» (p. 299): «Recuérdese que la filosofía existencial pretende llegar al conocimiento de la existencia de Dios por el conocimiento del hombre y de la religación como una de las estructuras siguiendo este movimiento: hombre-religión-Dios» (ibid.).

El libro termina con este broche:

«Volvamos a las cosas mismas, sí, emprendiendo un gran movimiento filosófico hacia lo concreto, hacia la existencia, en fuerte oposición a las fantásticas construcciones del idealismo, pero no nos quedemos en la existencia y pasemos al ser, y, sobre todo, no tomemos por esencia lo que sólo es propiedad. Porque “un error pequeño al principio es grande al final…” (S. Tomás, De ente et essentia, Proem.)», p. 303.

Anuncios

2 Respuestas a “Un libro sobre el existencialismo, 1945 (I)

  1. Cristian Gerarduzzi 12 junio, 2016 en 2:00 am

    Hola. Primero muchas gracias por compartir. Me impresiona que un español escriba sobre existencialismo y no nombre a Miguel de Unamuno. Me entristece pensar que puede deberse a ciertas manipulaciones franquistas de su persona. Como existencialista no concuerdo con algunas conclusiones. Disto de ser la persona indicada. soy un simple entusiasta. Pero opino que sobre el tema de Dios desde la optica existencial no debe ignorarse a Unamuno y si lo fuese ¿tampoco Martin Buber? En mi blog hay nociones al respecto si tenes interés. Saludos desde Santa Fe, Argentina.

    Me gusta

    • José J. Escandell 23 junio, 2016 en 5:56 pm

      Estimado amigo: Unamuno puede ser considerado existencialista, pero, aun siendo español, creo que ocupa un lugar secundario en esa escuela. Tienen más pensamiento Kierkegaard, Heidegger, Lavelle o Jaspers. Incluso Zubiri. También se ha dicho en la entrada que González Álvarez, explícitamente, se limita a unos pocos autores. Gracias por su amabilidad. Un saludo.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: